Aprender a gobernar con Aristóteles (I)

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Uno de los escasos temas en que estamos todos de acuerdo es en la apasionada búsqueda de la felicidad. Nadie, salvo que esté chiflado, se propone ser desgraciado.

Ética a Nicómaco (probablemente la obra recibió ese nombre porque fue su hijo Nicómaco quien editó los escritos de Aristóteles, 384 a.C.-322 a.C) es la primera tentativa consistente de exposición científica de una teoría de las costumbres humanas. Allí aborda este asunto y muchos otros esenciales, incluido el del gobierno de personas y organizaciones. Sus páginas fueron escritas como apoyo para la exposición oral de Aristóteles y no pretende cerrar los temas sino abrir senderos, porque como él mismo señala “el ignorante afirma tajantemente, el sabio duda y reflexiona”.

Por la relevancia de ese sensacional libro, cimiento conceptual de cualquiera que quiera llegar a ser un coach, dediqué miles de horas a preparar una versión para la editorial LID que puede ser entendida por cualquier persona culta en el siglo XXI.

He aquí algunas de las materias abordadas en los diez capítulos de esa obra por el padre de la filosofía occidental y su correspondiente habilidad directiva, tal como he tenido ocasión de contrastar con mi socio y amigo José Aguilar:

Habilidades directivas

Hábitos operativos

Liderazgo

Ejemplaridad (to walk the talk)

Selección de asesores

 Prudencia (VI, 4 y 6)

Asertividad

 Veracidad (IV, 7)

Visión

Previsión

 Ambición (IV, 4)

Trabajo en equipo

Flexibilidad

Delegación

 Sociabilidad (IV, 6)

Autogobierno

 Templanza (III, 11-12; VII, 9)

Escucha activa

Transmisión de confianza y seguridad

 Afabilidad (IV, 8)

Optimismo

 Valor (III, 7-10)

Empatía

 Amistad (VIII, IX)

 

Recuerda Aristóteles que “ni las virtudes ni los vicios son pasiones, porque no se nos califica como buenos o malos por éstas, sino por nuestros buenos o malos hábitos. No se nos elogia o censura por nuestros apetitos (no se alaba a quien tiene miedo ni a quien se aíra, ni se reprueba a quien se encoleriza, salvo en determinadas circunstancias), sino por nuestros hábitos buenos o malos. Nos enfadamos o nos asustamos sin deliberación previa, mientras que las virtudes son resultado de una elección, pues no se adquieren sin ejercicio de la libertad”. Precisamente por eso se encuentra en buena medida a nuestro alcance llegar, o no, a ser un buen directivo, ojalá un líder.

El reto no es sencillo, porque muchos viven a merced de sus pasiones, persiguen placeres o caprichos y huyen del esfuerzo. A esas personas, ¿qué razonamientos podrán reformarlas? No resulta hacedero modificar hábitos adquiridos con la mera reflexión. Para llegar a ser líderes hemos de reunir bríos, fruto de una sana complicidad entre los sentimientos, la voluntad y la razón. Así seremos felices y ayudaremos a serlo a los demás.

El gran desafío que borbotea en el pensamiento aristotélico es hacer bien el bien: lograr resultados sólidos sin dañar a nadie (continuará).

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