¿Aceptamos la desconfianza como el nuevo estándar?

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«La confianza es el pegamento de la vida. Es el ingrediente más esencial de la comunicación eficaz. Es el principio fundamental que sostiene todas las relaciones.»

Stephen Covey

¿Qué está pasando con la confianza?

Recibo un WhatsApp del dentista recordándome que mañana tengo cita. Me llaman del taller para recordarme que el lunes a las ocho tengo que llevar el coche. Un cliente me dice que no puede convocar una formación con muchos días de antelación porque a la gente se le olvida…

¿En serio? ¿Hasta este punto hemos llegado?

Como yo lo veo, a quien le duele la muela es a mí, a quien va a dejar tirado el coche es a mí y quien se queda sin la formación es la persona a la que se le olvida asistir. ¿Por qué tienen entonces que estar pendientes otras personas?

Sí, lo entiendo. Al final, si yo no voy, es al dentista a quien se le queda un hueco que no factura, y lo mismo le ocurre al taller.

Pero a mí me sale gratis. Es una suerte que mis olvidos los financien los demás.

Claro que «olvidos» igual no es la palabra adecuada para definir mi comportamiento. Porque cuando llamé al dentista y acepté la cita adquirí un compromiso, al igual que hice con el taller.

Así que, en realidad, más que decir que tengo «olvidos» debería decir que tengo el mal hábito de incumplir mis compromisos o, en otras palabras, que soy una persona poco (o nada) fiable.

Un error que repites es una decisión

El problema de fondo es aún más preocupante, por una sencilla razón: los olvidos son fácil y completamente evitables.

Esto significa que la gente se olvida de las cosas porque quiere y así lo ha decidido.

Porque la primera vez que se te olvida algo puedes achacarlo al desconocimiento o la inexperiencia. Pero la siguiente vez que se te olvida lo mismo, no.

Si hubieras querido, habrías tomado medidas para evitar que el olvido se repitiera. Y decidiste no hacerlo. Por la razón que sea: pereza, ingenuidad, cansancio, etc.

Lo cierto es que no hay excusa para los olvidos sistemáticos.

Primero, porque sabemos que olvidar las cosas es inevitable. La neurociencia ha demostrado que nuestro cerebro es pésimo gestionando recordatorios.

Segundo, porque existen estrategias —de validez contrastada— para poder acordarte de todo sin necesidad de recordar nada. Hábitos sencillos al alcance de cualquier persona.

¿Cuánto les cuesta a las organizaciones la desconfianza?

Si estos comportamientos se han generalizado en la sociedad, cabe esperar que en las organizaciones la situación sea igual o muy parecida.

La desconfianza es un cáncer para las organizaciones, porque ataca a la esencia de la efectividad.

¿Hasta qué punto pueden realmente trabajar como equipo personas que desconfían unas de otras? Es más, ¿hasta qué punto puede una persona que desconfía de sí misma llegar a ser un buen profesional?

Porque el problema empieza a nivel individual. Muchas personas no confían ni en ellas mismas.

Hagamos una prueba rápida, sólo dos preguntas:

  • Si otra persona de tu organización te pide que le envíes unos datos, ¿con qué nivel de certeza puedes asegurar que se los vas a enviar completos y correctos, a la primera, sin necesidad de que te lo recuerde?
  • Si tú le pides unos datos a una persona de tu organización, ¿cuánto confías en que te los vaya a enviar completos y correctos, a la primera, sin necesidad de recordárselo?

En mi experiencia, el porcentaje de personas que respondería honestamente «100%» en ambos casos es mínimo.

La consecuencia de esta desconfianza ya la conocemos bien: fechas límite artificiales, interrupciones constantes, y prisas en el último momento, etc.

Todo esto se traduce en ingentes dosis de ineficiencia (hacer mal las cosas) e ineficacia (hacer cosas innecesarias), es decir, en costes. Unos costes tan elevados como fácilmente evitables.

¿Dónde está la confianza en la agenda de Recursos Humanos?

El trabajo híbrido se ha convertido en el trending topic post-COVID. Aquí también hay un problema de confianza —posiblemente justificado—, aunque en este caso se trate de otro tipo de confianza.

Antes de la COVID la agenda de Recursos Humanos la lideraban temas tan sugerentes y necesarios como las metodologías Agile o la Transformación Digital.

Ahora bien, ¿qué pasa con los básicos? Porque, por poner un ejemplo, la confianza está en el corazón de la filosofía Agile, una filosofía centrada en la autogestión y el autocontrol.

Es literalmente imposible que existan equipos/organizaciones ágiles sin confianza. Seguramente por eso haya tan pocas implantaciones reales de Agile en las organizaciones (aunque lo llamen Agile).

Tal vez Recursos Humanos debería hacer una pausa en la carrera de los trending topics y volver a los fundamentos.

Porque una organización es tan efectiva como lo son sus personas, unas personas que sólo pueden ser efectivas en la medida que son fiables para sí mismas y para las demás personas con las que trabajan.

Así que, como yo lo entiendo, tenemos dos opciones: o le damos la máxima prioridad a restaurar la confianza o aceptamos la desconfianza como el nuevo estándar.

¿Tú qué opinas?

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ESCRITO POR

HR Blogger

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