Ventajas de la transición laboral en el profesional sénior

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De entre de los muchos mitos, prejuicios y leyendas sin fundamento a desterrar sobre los profesionales sénior, está el siguiente: no por ser más mayor se es menos explorador o curioso de la vida que una persona joven. Aunque también suele ser cierto que el deseo de seguridad a más edad más pegado al cuerpo está, aunque solo sea porque durante un tiempo supimos lo que era.

El haber comenzado las carreras laborales en ámbitos analógicos, en los que tímidamente empezaba a despuntar lo digital, conllevaba per se cierta estabilidad, seguridad y proyecciones factibles. Se podían establecer rutas relativamente claras a seguir a medio y largo plazo– tanto en el ámbito empresarial como en el social- y por tanto una menor necesidad de reinventarse frecuentemente. Haber vivido a caballo entre estos dos mundos laborales tan dispares es sin duda un punto a favor del profesional silver (talento de plata) pues ya sabe lo que es hacer transiciones potentes. Pero cierto es también que la velocidad del cambio actual exige mayor agilidad en los procesos de cambio. Y hacer frente al estrés que eso supone. Hace unos días un artículo del New York Times reflejaba justo como nuestros cerebros se atropellan por la velocidad del cambio, basándose en el libro Peter Diamandis y Steven Kotler.

Encontrar el término medio entre la adaptabilidad y agilidad a los múltiples procesos de cambio, pero sin volvernos exponencialmente locos, haciendo una llamada a la calma en los momentos que de ella se requieran, es el nuevo reto que tenemos por delante. Comparto por ello algunas ideas que trabajo en el libro “Silver Surfers” y próximamente se podrá aprender en silver.academy, animando al talento senior a ser un explorador digital, pero manteniendo la “sabiduría analógica”, Con el objetivo de:

1. Prepararnos para un cambio continuo y las múltiples etapas laborales por las que transitaremos a lo largo de nuestra nueva longevidad profesional.

2. Mejorar nuestra empleabilidad hoy. Empleabilidad entendida como la capacidad que debe tener el ser humano de gestionar su propia trayectoria intelectual, emocional y profesional, de tal forma que dichas variables sean cada vez, con cada trabajo, más ricas y de mayor valor para la persona;

3. Aportar el máximo valor al trabajo que estemos realizando. Manera de asegurar nuestra empleabilidad futura.

En definitiva, prepararnos para realizar transiciones -con asiduidad, porque así lo exigirá nuestro entorno- de éxito. Pero ¿qué diferencias hay entre cambio y transición? El cambio es situacional, objetivo, externo, mientras que la transición es un proceso más hondo, que ocurre dentro de nosotros y significa asumir precisamente diferentes cambios.

Y esto es precisamente “muy de Silvers” porque las transiciones tienen que ver con quién hemos sido, de dónde venimos y hacia dónde vamos. ¿Lo mejor? No es algo que ocurra de cero, y por lo tanto nos “obliga” a que investiguemos lo que hemos ido sembrando y recogiendo por el camino, tanto lo tangible como intangible (valores, competencias, destrezas, fortalezas, capacidades, expertise…) y desechemos lo que ya no coincide con quienes somos o, más importante aún, con quienes queremos llegar a ser. De nuevo ventaja que aportan los años (mucho valor añadido) y la dificultad de los mismos (desechar hábitos y conocimientos integrados que nos puedan lastrar)

Una transición laboral es un cambio de identidad y de patrones, que requieren procesos emocionales. Consiste en revisar y rehacer el equipaje interno para aprovechar los cambios que se dan en el mundo exterior. Y no es fácil. A veces hay que tomarse tiempo para ganar tiempo. Así que si estás en proceso de transición o reinvención -y todos antes o después nos encontraremos antes esta situación- no te lo pienses mucho. Tan sólo piénsalo bien.

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HR Blogger

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