Micromotivos para la esperanza

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Con frecuencia se insiste en que las nuevas generaciones no han desarrollado las mismas aptitudes, intereses, ansias de esfuerzos que las precedentes. Estas afirmaciones constituyen un lugar común recurrente a lo largo de la historia. Alguna recóndita clave psicológica y/o sociológica lleva a muchos a considerar que quienes llegan al mundo tras nosotros probablemente lo empeorarán, porque no se sienten tan inclinados a la brega como quienes les antecedieron. Sobre esa visión negativa del futuro o mejor dicho del presente que vivimos y el porvenir que anticipamos escribió Hans Rosling (+2017) su ampliamente difundido Factfulness. Diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo (Deusto), que aprovecho para recomendar una vez más. Aparecido antes de la pandemia, sigue siendo de rabiosa actualidad. Y para quien no crea que, a pesar de los pesares, vivimos en el mejor periodo de la historia, debería comparar la actual situación sanitaria con la experimentada a mediados del siglo XIV y los resultados de ambos entornos.

Me detengo hoy en un motivador ejemplo: alguien señalará que es una gota en un océano, pero los mares se componen precisamente de pequeñas partículas. Se trata de una obra que lleva por título Trayectoria manipulada y que ha sido recientemente publicada por la editorial Kolima en su sello El Club de la Niebla. El texto narra las aventuras de dos intrépidos astronautas, de nombre Enrique y Javier. Con imaginación desbordante, se describe la construcción de una nave espacial, denominada Nimbus 2000, creada por una empresa española, con el fin de buscar agua en las lunas de Júpiter. Aunque el texto no lo explicita, se entiende que ese vital elemento escasea en nuestro planeta.

Como si prosiguiéramos en la guerra fría, un comando ruso pilotado por el coronel Strogroff -se viene a la cabeza un personaje mal encarado, tipo Stirlitz en 17 instantes de una primavera– se dirige hacia el levante español con el objetivo de dañar ese innovador vehículo espacial, para que su país mantenga el liderazgo en las exploraciones espaciales.

La trama, que en algunos momentos recuerda a consolidados autores de thrillers y de narraciones de ficción, prosigue con un ritmo trepidante, que apenas deja respirar al lector. Se suceden contradicciones, altercados, expectativas, fiascos… página tras página.

Lo más sorprendente -lo aclaro ya- no consiste en el devenir de las sucesivas incertidumbres, sino en que esta obra que obliga a contener la respiración haya sido escrita por dos españoles, madrileños para más datos, con 12 años. El comienzo de su intento literario tuvo lugar hace dos, recién culminada su primera década de vida, y durante el complejo bienio de pandemia, estos dos estudiantes del colegio Sagrado Corazón de la capital de España han invertido centenares de horas en la preparación de su libro. Volumen, todo hay que decirlo, que ha sido finamente editado.

La lectura de estas páginas, escritas por Enrique Fernández de la Torre y Javier Chaquet Rivero no son un mero entretenimiento. Ponen de manifiesto que debemos huir de clichés simplistas. Quizá millares de jóvenes dilapidan horas sin cuento en botellones o quemando sus ojos y etapas relevantes de sus existencias con video juegos, pero también otros muchos -ojalá la mayoría- trabajan con ilusión por un mundo mejor sin criticar a los demás o añorar coordenadas artificiosas.

Los noveles autores saben distribuirse entre el deporte, los amigos, la lectura y -por qué negarlo- también los video juegos. Pero al igual que su modélico contemporáneo italiano Carlo Acutis, prematuramente fallecido, saben encontrar espacio para todo sin dejarse arrastrar por la comodidad del bel far niente. La correcta gestión del tiempo es palanca imprescindible para realizar aportaciones valiosas. Ser exigente con uno mismo consolida personalidades con autocontrol que no son jaladas por la última tendencia, sino que disponen de criterio propio. ¡Cuántas enseñanzas positivas pueden extraerse de esa opera prima de Javier y Enrique! Mi más sincera enhorabuena a los dos.

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ESCRITO POR

HR Blogger

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