La quiebra del modelo de la hiperespecialización

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La alta especialización ha marcado el itinerario de desarrollo de muchos profesionales en las últimas décadas. Si aplicamos criterios de simple eficiencia, tiene sentido. Hacen falta muchos recursos para capacitar a una persona. ¿Por qué no concentrar ese esfuerzo en los conocimientos y habilidades específicos que demanda el puesto de trabajo para el que se prepara? De este modo, se evita la dispersión y nos ahorramos inversiones formativas de carácter generalista de dudoso retorno, o de retorno muy diferido. De hecho, los profesionales que se han desarrollado con estos criterios suelen ser bastante reacios ante cualquier contenido formativo que no guarde una relación directa e inmediata con la tarea especializada que en ese momento realizan. “No aplica”, es la frase que descalifica un contenido de carácter más genérico o contextual.

El problema es que este modelo ha entrado en quiebra. De hecho, solo sigue siendo válido para formar a profesionales que se ocupan de tareas relativamente repetitivas, en entornos poco intensivos en innovación o en posiciones de medio o bajo valor añadido.

Este enfoque añade además un riesgo para los profesionales que solo consideran útil la formación vinculada exclusivamente a su área de especialización. En términos generales, cuanto más especializada es una tarea más susceptible es de ser automatizada. Al final, saber mucho sobre algo muy específico nos pone en la tesitura de competir con sistemas que, a corto o medio plazo, ejecutarán esas tareas con ventaja sobre los operadores humanos que hoy se ocupan de ellas.

Entornos que demandan una formación multidisciplinar

Muchas industrias, en entornos dinámicos, empiezan ya a valorar la formación multidisciplinar de sus nuevos empleados, o a promover acciones formativas que amplíen el marco de referencia de algunos de sus profesionales. Hemos identificado algunos escenarios en los que esta tendencia aflora con fuerza.

  • Sectores de actividad que se basan en la creación de conocimiento y en la innovación. La hiperespecialización es útil para gestionar con eficacia y eficiencia el conocimiento ya disponible. Para aportar ideas nuevas es necesario que las personas contrasten sus conocimientos específicos con otras áreas de conocimiento colindantes o incluso aparentemente lejanas. Recuerdo que en un Foro de Davos la directora general del CERN, Fabiola Gianotti, exponía la necesidad de “romper con los silos culturales. Con demasiada frecuencia las personas colocan la ciencia y la humanidad, o la ciencia y las artes, en diferentes silos. Ellos son la máxima expresión de la curiosidad y creatividad de la humanidad”. Me pareció inspirador que quien dirige una organización en la que se intentan desentrañar algunos de los misterios que todavía se nos escapan de la estructura básica de la materia, valore la contribución de personas que aportan una mirada humanista. Según el modelo de la hiperespecialización, solo debería reclutar a los mejores físicos de partículas del mercado.
  • Sectores en los que la transformación digital avanza con más fuerza. Precisamente en la medida en que muchos procesos son ejecutados por sistemas automatizados, es importante que las personas aporten algo diferencial. No es una buena idea competir con las máquinas en su terreno. Se produce una interesante paradoja: cuanta más tecnología, más humanidad. La coexistencia de seres humanos y sistemas de inteligencia artificial exige que cada parte contribuya con sus aportaciones específicas. Con una visión muy empresarial, Jack Ma afirmaba en el mismo Foro de Davos: “Si no cambiamos la manera en que enseñamos, dentro de 30 años estaremos en problemas (…). El enfoque basado en el conocimiento de hace 200 años le va a fallar a nuestros hijos, quienes no van a competir con las maquinas. Los niños deberían aprender habilidades sociales como el pensamiento independiente, valores y trabajo en equipo”.
  • Posiciones de responsabilidad y de alto valor añadido. La creciente complejidad de los problemas a los que se enfrentan quienes deben tomar decisiones de carácter estratégico, unida a la interconexión entre planos muy diversos (tecnológico, económico, social, ético, ambiental, etc.) impiden en la práctica que quienes aspiran a las posiciones jerárquicas más altas se puedan permitir el lujo de ser personas hiperespecializadas.

 

La polimatía como competencia profesional emergente

Esta tendencia a la formación multidisciplinar ha puesto el foco sobre una capacidad cada vez más valorada: la polimatía, un tipo de sabiduría que integra conocimientos muy diversos. No olvidemos que la ciencia, en sus albores, fue desarrollada por personas que avanzaban simultáneamente en áreas tan diversas como la biología, la astronomía o las matemáticas. Tiempo después, en una época de esplendor desde el punto de vista artístico y tecnológico como fue el Renacimiento, de nuevo unas mismas personas fueron capaces de integrar formas de conocimiento muy diversas. Tal vez estemos en un nuevo punto de inflexión en la Historia que exija una visión holística, un profundo sentido crítico y una complementariedad de conocimientos que nos permitan orientarnos en entornos extraordinariamente complejos.

 

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HR Blogger

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