Finde curso con asignatura pendiente: Acabar con el burnout

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Se acercan las vacaciones; llega el tan esperado por los más jóvenes fin de curso escolar, y para los más mayores el igualmente deseado descanso laboral. Pero este año la necesidad de desconexión aparece con matices nuevos: para muchos no serán suficientes esos días, semanas o meses de descanso, porque su agotamiento es extremo. Según un estudio de Linkedin recogido en el artículo de Expansión “Cómo, cuándo y porqué cambiar de empleo”, el 60% de los profesionales españoles barajan la opción de cambiar de trabajo. La cifra es altísima y los motivos varios, pero entre ellos sin duda está este concepto maldito: el burnout.

El agotamiento extremo, o estar “quemado” es ese sentimiento que experimentamos cuando ya no podemos continuar con nuestro trabajo – o desde luego no en los términos adecuados- porque nos sentimos estresados, deprimidos, desconectados (vacíos) o abrumados por un exceso de trabajo.  ¿Qué causa realmente el burnout? ¿Por qué parece ser un fenómeno creciente que hasta los universitarios lo padecen antes incluso de ni siquiera empezar a trabajar? ¿Por qué siendo algo tan antiguo es aún la asignatura pendiente de tantas compañías en cualquier lugar del mundo?

Generalmente achacamos la culpa de este fenómeno a las cargas de trabajo excesivas, horarios imposibles, malos jefes o compañeros difíciles, pero parece que existen razones más fundamentales y complejas que subyacen detrás. Según cuenta Jonathan Malesic, ex profesor titular de teología de la Universidad de Virginia, en su libro “The End of Burnout. Why Work Drains Us and How to Build Better Lives (“El fin del Burnout: por qué el trabajo nos agota y cómo construir una vida mejor”) hemos construido un mundo sobre la idea de que el trabajo es igual a estatus individual y un símbolo de éxito, y que por lo tanto está destinado a dar sentido a nuestras vidas. El burnout es lo que sucede cuando el trabajo ya no nos proporciona estas cosas. Vaya, que trabajar sin propósito, sin un sentido y sin que nos haga sentir realizados (como si fuéramos Sísifos empresariales) nos lleva directos al burn con deseos de estar out.
Pero aún hay más, el verdadero detonante, según su investigación, está relacionada con nuestras experiencias de injusticia, falta de autonomía, ruptura de la comunidad y desajuste de valores. Cuando uno siente que lo están tratando injustamente, o si la comunidad en el lugar de trabajo se desmorona debido a rivalidades u otros conflictos, eso nos genera un gran estrés mental. Tanto como el no tener autonomía para ejercer nuestras tareas y responsabilidades. Menos mal que poco a poco estamos virando hacia nuevos modelos organizacionales (new working models), con estructuras más planas y empoderantes…

Esta falta de autonomía asociada al burnout no solo se da entre los mal llamados trabajadores base, sino que ocurre también entre profesionales teóricamente más liberales, buenos salarios y prestigiosas. Como explica Malesic por ejemplo es algo habitual entre los médicos, cuya carga de trabajo es muy intensa si bien su recompensa suele ser también bastante buena. El problema está en que a veces no tienen tanta autonomía como quisieran -especialmente si trabajan en un gran sistema de atención médica- y es habitual tengan que atender pacientes durante 15 minutos cuando a ellos les gustaría brindar un servicio más profundo y de mayor calidad.

Pensar en el trabajo no solo como algo que te permite ganarte la vida, sino también como un medio para obtener beneficios inmateriales, es un gran avance humano, porque aparecen en nuestras vidas tres conceptos como son la dignidad, el carácter y el propósito (significado espiritual trascendente) que nos hacen mejores, trabajar en entornos también mejores e impactar también mejor en la sociedad. Ya no solo importa la productividad y el salario. Pero siempre será un error asociar lo que hacemos -o nuestro cargo- a quienes somos o el valor que representamos. Como también es un error seguir asociando la seguridad laboral a trabajo, en un entorno que nos guste o no ya no nos provee de las mismas protecciones que existían a mediados y finales del siglo XX. Entender la incertidumbre desde su vertiente más positiva y útil (que la tiene) también es un gran reductor de ansiedad y potencial burnout.

Cambiemos en nuestras empresas esas expectativas asociadas a la falsa seguridad, generemos narrativas y espacios comunes que nos conecten a los profesionales con aquello que hacemos, entendamos los porqués y valores que aportamos… pero, sobre todo, recordemos que las personas ya tienen dignidad desde siempre, cuando trabajan, cuando están realizadas… y cuando no. Porque no hay reválidas con los asuntos de la mente, la salud y el corazón.

 

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