El valor de la diversidad en los equipos de trabajo

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¿Cómo integrar la diferencia?

Los bonitos discursos sobre la diversidad

La diversidad es uno de los valores más ensalzados, tanto a nivel social como organizacional. Adorna los discursos, es objeto de todos los elogios y parece ser la idea inspiradora de muchas empresas. Se afirma, casi de forma unánime, que la diversidad enriquece el trabajo de los equipos, estimula la creatividad y permite llevar a cabo políticas inclusivas de Recursos Humanos.

Pienso que la mayoría firmaríamos manifiestos a favor de una sociedad o de una organización diversa. En nuestras declaraciones, nos solemos mostrar contrarios al pensamiento único. Rechazamos la imposición y mucho más cualquier forma de discriminación.

Es una buena noticia que, al menos en el plano de las declaraciones, la diversidad haya alcanzado este grado de consenso. Surge, sin embargo, la sospecha de que estos discursos se han incorporado al repertorio de las afirmaciones políticamente correctas, no siempre conectadas con la realidad de los hechos.

 

De las palabras a los hechos

Es fácil sumarse al discurso comúnmente aceptado, pero no resulta sencillo vivir y trabajar de acuerdo con él. La dificultad radica en que las personas, de forma natural, tendemos a generar conexión con otras personas que comparten con nosotros elementos comunes: edad, género, etnia, ideología, creencias, intereses, aficiones, nivel educativo, estrato social, cultura, etc. Basta con que demos un repaso a la lista de las personas con las que nos relacionamos más frecuentemente. Podemos llegar a tolerar que, en nuestro entorno, haya personas con un grado de coincidencia mucho más bajo, pero es raro que les demos acceso a nuestro círculo próximo. Abrazamos la diversidad por elección, no por naturaleza. Si nos dejamos llevar por un impulso espontáneo, lo más habitual es que prefiramos entornos homogéneos, y no nos sintamos tan cómodos en ambientes plurales.

Es frecuente también que aplaudamos a quienes ejercen una actitud crítica y un pensamiento disruptivo en otros lugares u organizaciones. Nos gusta la “diversidad lejana”. Sin embargo, no somos tan receptivos ante la “diversidad próxima”, aquella que se manifiesta junto a nosotros. Cuando alguien que está a nuestro lado discrepa de nuestros puntos de vista, no solemos aceptarlo como una enriquecedora expresión de la diversidad que caracteriza a nuestras organizaciones. En casos extremos, nos referimos a esa discrepancia como una falta de alineamiento, un problema de engagement, la reacción desmedida de una persona “problemática” o el desahogo de alguien no muy equilibrado.

 

 

Qué NO es la diversidad

Qué ES la diversidad

Pensar que los diversos son los otros. Lo normal es ser como yo. Son los demás quienes deben ser gestionados como diversos. Aceptar que la diversidad empieza por uno mismo. Los rasgos que definen nuestra identidad no son el punto de referencia para valorar a otros. La gestión de la diversidad funciona en todas las direcciones.
Ser condescendientes o conceder graciosamente pequeños espacios de poder a personas o colectivos “diversos”. Sentir que hemos cumplido por el hecho de haber cubierto determinadas cuotas. En la empresa, valorar a las personas por su contribución, por los resultados que obtienen, sin condicionar esa evaluación por características personales o grupales que nada tienen que ver con el trabajo que realizan.
Gestionar la diversidad como señal de benevolencia. Pensar que de esa manera trato con generosidad a otras personas o colectivos Gestionar la diversidad como señal de inteligencia. El primero que se beneficia cuando manejamos bien las diferencias somos nosotros mismos. Es lo que nos permite captar ideas innovadoras y relaciones valiosas
Desdramatizar las diferencias mediante comentarios ligeros o bromas que quiten solemnidad a los estereotipos de cada grupo y rebajen la tensión ante posibles conflictos. Cuando alguien comienza una broma diciendo: “yo no soy machista, pero…”, suele ser mejor que se calle, ya que lo diga a continuación frecuentemente desmentirá esa coletilla inicial. Rechazo frontal de toda forma de discriminación. Y, desde luego, tolerancia cero con cualquier expresión de acoso.
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HR Blogger

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