El pensamiento crítico en los equipos de trabajo ¿Cómo conjugar la dependencia jerárquica con el desarrollo del propio criterio?

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Tiempo para pensar

La vida de las organizaciones impone un ritmo intenso. Hay un tiempo (casi todo) para la acción y otro (muy reducido) para la reflexión. Por razones de eficiencia y para asegurar que nos adaptamos a los estándares de nuestra actividad, muchas de las acciones que realizamos están descritas en procedimientos que ejecutamos de forma repetitiva. Esto afecta tanto a operaciones simples como a las de mucha complejidad.

La reflexión parece más propia de entornos académicos. Es muy expresiva la frase coloquial: “no podemos andarnos con contemplaciones”, y en el ámbito deportivo se dice también: “no debemos especular con los resultados”. La acción prima claramente sobre la reflexión.

Paradójicamente, los proyectos y las carreras profesionales de mayor éxito suelen equilibrar mejor estas dos dimensiones. La rapidez deja de ser una cualidad positiva si nos impide dedicar un tiempo para anticipar escenarios de futuro. La atención exclusiva al presente se considera una rémora cuando solo nos permite actuar de forma reactiva frente a las innovaciones introducidas por otros. La falta de reflexión reduce nuestra competitividad, en la medida en que orienta nuestras decisiones hacia modelos repetitivos o muy consolidados en nuestro sector.

En concreto, esta forma de pensar que mejora la calidad de nuestras acciones y nos permite mejorar los resultados de forma sostenible se llama pensamiento crítico y creativo.

 

Pensar críticamente

A veces se confunde el pensamiento crítico con una especie de reivindicación personal frente a puntos de vista diferentes. Sería simplemente una cuestión de egos. De este modo, una persona “crítica” sería un elemento disfuncional dentro del sistema. En realidad, ocurre lo contrario. Pensar críticamente es una de las contribuciones más valiosas a los proyectos colectivos en los que estamos implicados. A comienzos del siglo XVII, el filósofo Francis Bacon describió con acierto en qué consiste el pensamiento crítico:

  • Tener el deseo de buscar
  • La paciencia para dudar
  • La afición de meditar
  • La disposición para considerar
  • El cuidado para poner en orden
  • El rechazo de todo tipo de imposturas

 

A veces pienso que no son estas las competencias que promueven las organizaciones en las personas llamadas a ocupar puestos de responsabilidad, ni las que muchas Escuelas de Negocios incluyen en sus planes de estudios.

El pensamiento crítico no es algo que simplemente se tolera, debe ser promovido de forma activa. Entre otros beneficios, permite mejorar la calidad de nuestra evaluación, pues nos permite elaborar juicios sobre las situaciones a las que nos enfrentamos menos condicionados por sesgos, prejuicios o formas inerciales de pensamiento. Además, es la condición para el desarrollo del pensamiento creativo. Solo podemos innovar si ponemos en cuestión las soluciones que hemos empleado hasta ahora. Consecuentemente, el pensamiento crítico mejora la calidad de nuestras decisiones, pues amplía los posibles cursos de acción ante una situación de negocio, y nos permite responder de forma no convencional en entornos cambiantes.

 

Los frenos para el pensamiento crítico

Con frecuencia, renunciamos a pensar de forma crítica no porque carezcamos de esa capacidad, sino porque consideramos que es una actitud de la que se derivan más costes que beneficios. Entre los principales estereotipos que nos llevan a reprimir el ejercicio del pensamiento crítico cabe citar:

  • Nos hace lentos. Parece que las personas críticas dan demasiadas vueltas a las cosas o celebran reuniones interminables. En realidad, nos hace rápidos, pues nos permite poner el foco sobre los aspectos novedosos y originales de una situación. La persona crítica no pierde el tiempo procesando datos ya conocidos.
  • Nos hace débiles. Confundimos personas críticas con personas dubitativas, menos resolutivas que las que actúan desde criterios consolidados. En realidad, nos hace fuertes: lo que nos aporta ventajas no es la sensación subjetiva de seguridad, sino la calidad objetiva de nuestras decisiones.
  • Nos divide. Parece que dar entrada a la discrepancia erosiona la cohesión del grupo. En realidad, el pensamiento crítico nos une. La unidad basada en la imposición de un único punto de vista es ficticia. La unidad real es la que surge como consecuencia de un diálogo abierto en el que todas las voces son escuchadas.
  • Nos hace relativistas. No es lo mismo ser crítico que ser una persona sin convicciones. En realidad, el pensamiento crítico es compatible con unas convicciones sólidas. Las personas más seguras son las que están más abiertas a debatir sobre sus ideas y propuestas.

 

Crear las condiciones para que nuestros equipos den curso a su pensamiento crítico es una condición para nuestra competitividad y un factor de atracción para las personas con más talento.

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HR Blogger

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