Beneficios de una crisis ¿Aportan algo los tiempos difíciles?

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Un alto tributo

Las crisis son dolorosas. Con frecuencia, devastan proyectos, generan sufrimiento, interrumpen carreras profesionales y, en casos extremos, nos arrebatan a algunos seres queridos. Ya que pagamos un precio tan alto, vale la pena considerar también los beneficios que aportan estas experiencias. Siempre se ha dicho que el progreso está asociado a las crisis. Es cierto que los tiempos estables conllevan el riesgo del acomodamiento y de la sobreexplotación de modelos de negocio muy maduros. Un punto de inflexión en trayectorias lineales nos impulsa a pensar y a actuar de otra manera.

He dedicado muchos años al estudio de las crisis por las que atraviesan las organizaciones. Es muy instructivo analizar los procesos que se desencadenan cuando la realidad nos sacude, nos enfrenta a situaciones que no habíamos previsto en absoluto y hace saltar por los aires nuestra gestión de riesgos. He podido identificar las ganancias que obtenemos a título individual, organizacional y social en esos momentos. Sin pretensiones de exhaustividad, expongo algunos de esos beneficios, que ojalá seamos capaces de aprovechar.

1. Vacuna contra la arrogancia

Las crisis ponen de manifiesto una paradoja muy propia de nuestro tiempo: cuanto más seguros nos sentimos, más nos desconciertan esos cambios inesperados en el guion. Por eso, las crisis son el mejor remedio para la arrogancia. Nos hacen sentir, por una parte, la grandeza de todo lo que hemos conseguido, y al mismo tiempo la fragilidad de la base sobre la que se apoya. Los cambios disruptivos, por tanto, nos ayudan a crecer a partir de un análisis realista, no desde la ingenuidad o desde la prepotencia.

2. Mejor conocimiento de las personas y de las organizaciones

Las crisis son extraordinarios laboratorios de comportamientos humanos. Dan la medida real de lo que somos, como personas, como organizaciones y como pueblos. En entornos predecibles, casi todos nuestros comportamientos son respuestas preprogramadas ante situaciones estándar. Solo sabemos quiénes somos de verdad cuando nos enfrentamos a situaciones inciertas. En estos tiempos nos sorprende el heroísmo, la generosidad, la entrega de tantas personas. Aunque también nos llevemos algunas decepciones en sentido contrario. En todo caso, las crisis nos ponen en nuestro sitio, sin caretas ni imágenes de diseño.

3. Calidad del liderazgo

La calidad del liderazgo se pone de manifiesto en contextos de incertidumbre. Son momentos en los que nuestros recursos se ven desbordados y nuestros planes de contingencia resultan insuficientes. Sentimos entonces la tentación de atribuir un desempeño inicialmente frustrante a ese entorno imprevisible. Pedimos indulgencia a la sociedad o nuestros stakeholders. Les aseguramos que los resultados obtenidos se deben a que se trata de una crisis sobrevenida de forma inesperada. Pero al líder se le reconoce en las primeras veces. Quienes manejan situaciones ya conocidas son simplemente (y no es poco) buenos gestores.

4. Cohesión social y de equipos

El tipo de liderazgo útil en circunstancias de crisis es el que produce unidad, no unanimidad. Unidad significa que todos conocen y comparten un mismo objetivo. De hecho, el rol del líder en tiempos convulsos se centra en la identificación de los fines y en mantener siempre presente el objetivo al que todos se orientan. Sobre los medios para alcanzar ese objetivo, puede e incluso debe haber un amplio espacio de discrepancia. El líder es el que consigue que personas distintas, con opiniones e intereses diferentes, trabajen coordinadamente en un proyecto común. Los mejores líderes de hecho consiguen que la diversidad no sólo no sea disfuncional, sino que se convierta en una de sus principales herramientas para la creación de valor.

5. Incremento de la solidaridad

En momentos de crisis es especialmente importante conseguir reacciones solidarias, comportamientos alineados con un objetivo común. Eso no solo es compatible, sino que exige, el manejo de la pluralidad y la diferencia. El líder amplía espacios de libertad, aprovecha el impulso de personas con ideas y sensibilidades diversas.

Frente a la dinámica más común en muchas organizaciones, el líder no es sólo el guardián de lo establecido. Es, sobre todo, el motor del cambio. Las situaciones relativamente estables no demandan líderes, sino buenos supervisores. Un auténtico líder sabe interpretar señales que para otros pasan inadvertidas, y que le permiten diseñar una estrategia para atender no sólo las demandas actuales, sino también las futuras.

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